¿Sigue México?
El ataque de Estados Unidos a Venezuela reaviva una vieja pregunta: si México será el siguiente. ¿Qué tan real es esa amenaza y qué ilusiones esconde?
El reciente ataque de Estados Unidos a Venezuela ha llevado naturalmente a muchos mexicanos a preguntarse si sigue México, así, escuetamente. Desde hace al menos diez años —desde que Trump estaba en su primera campaña— distintos sectores ideológicos, mediáticos y partidistas de Estados Unidos han coqueteado con alguna forma de operación contra México, y diversas amenazas han estado siempre latentes. La pregunta se vuelve más apremiante después del golpe a Venezuela.
Depende, desde luego, de qué se entienda exactamente por un ataque: una cosa sería una operación militar quirúrgica contra un narcolaboratorio en algún lugar de la sierra; otra muy distinta, un ataque contra objetivos políticos similar al venezolano.
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La inquietud es comprensible. No sólo son manifiestas las “alianzas intolerables” entre el régimen obradorista y los narcos —en palabras de Washington—, ni sólo es México retóricamente simpatizante de todas las dictaduras de izquierda latinoamericanas, sino que se menciona a México 19 veces en la acusación contra Maduro en la Corte Sur de Nueva York y hoy somos además el principal proveedor de petróleo de Cuba, después de que Estados Unidos cortara el suministro venezolano.
Sé que muchos críticos e inconformes con el obradorismo sueñan con algún tipo de redentor externo, pero me temo que un ataque militar es, en realidad, muy improbable. No hablo de operaciones con consentimiento de México, ni de vuelos de reconocimiento y espionaje, ni de expulsiones, suspensiones de visas o extradiciones, sino de un ataque militar unilateral. Y es improbable —aunque nunca imposible— por varias razones:





