Pareciera que esa degradación institucional interna y externa es por diseño, les abre espacio para posicionarse en cotos de poder afines a sus intereses, mas económicos que políticos.
La polarización les ayuda en cuanto a que aleja el diálogo racional y les da mas libertad de acción.
Estimado Pablo, buenos días. Me encantaría saber cómo contrastas lo que escribes esta semana en tu columna con este artículo que publicó Jonathan Rauch hace unos días en The Atlantic. Como siempre, los dos construyen argumentos persuasivos.
Hola Poncho, mira, el artículo salió antes de que Trump reculara en Minnesota, y yo sospecho que el autor no se hubiera animado a escribirlo así después, sencillamente porque ese solo hecho sirve para refutar de mil maneras las hipótesis, tanto por la disposición psicológica de Trump, como por la arquitectura republicana de Estados Unidos. Tengo la impresión de que el artículo responde a un momento editorial. Pero no lo sé. Uno también puede encontrar ejemplos para refutar cada apartado del artículo. En todo caso, me quedo con esto al final, con lo que coincido… “So the United States, once the world’s exemplary liberal democracy, is now a hybrid state… but no, it has not fallen to fascism. And it will not.”
Aprecio mucho tu respuesta Pablo. Encuentro fascinante el contraste y el enriquecimiento de lecturas que --ustedes-- los expertos hacen; me parece importante, como lo hizo Mauricio Merino hace mucho tiempo (en El Universal) para el caso mexicano, nombrar las cosas como son, en la medida que el termino fascista ayude a entender cómo resistir y qué esperar de estos funestos regímenes.
Las redadas de Trump han deportado bastante menos gente que las de Obama. Los medios tradicionales sólo las descubrieron y criticaron –junto con las jaulas para ilegales— cuando las hace Trump, no Obama.
La izquierda gringa, como todas las demás de mundo, controla a los medios tradicionales. La otra parte de la pinza es su control de la calle. Cuenta con agitadores profesionales, bien organizados y coordinados, capaces de mucha violencia e inclusive de conseguir tontos útiles para la inmolación. Ahora también goza de financiamientos abundantes de gobiernos y millonarios adictos a la causa revolucionaria, vía esa inmundicia que es el sistema de ONGs.
La receta del zurderío es simple, impedir cualquier medida que no quiera usando ambos elementos en conjunción (aunque, la mayoría de la veces, basta amagar con la calle para acobardar a sus oponentes). Los tontos útiles derivados de la actuación de gobierno se convierten en mártires. Esos mártires hacen que las autoridades centrales claudiquen una y otra vez. De más está decir que sólo la izquierda tiene mártires. Las víctimas de Venezuela o Irán no son importantes para los medios y menos para las hordas rojas.
La pinza zurda ahora cuenta con el respaldo de autoridades locales que violan obligaciones constitucionales al abstenerse de ayudar a las autoridades centrales o a gente que ha sido objeto de acoso y agresión física por no ser de izquierdas. Eso es sumamente grave y pone las semillas de la disolución de los gobiernos.
Trump no ha tenido problemas en los estados republicanos, a pesar de que ICE también ha perpetrado abusos contra los derechos. Por decisión política, no por virtud, actuó en Minnesota. Ese estado está ahora dominado por los demócratas, justamente por lo que temen los republicanos –importación de inmigrantes corrompidos, bien regados con miles de millones de dólares de dinero público—. Por supuesto, la administración demócrata del lugar es tremendamente woke. Minnesota es un campo importante de batalla y será muy interesante ver en qué termina.
Díaz Ordaz es aborrecible porque destruyó la legitimidad del uso de la fuerza por parte del gobierno mexicano. Un buen gobierno precisa del justo uso de la fuerza pública. La deriva mexicana comenzó desde 1968. En España la cosa es similar y lo mismo va por otros sitios de Europa.
Los gobiernos liberales tienen que tener policías competentes y represivas, dentro de la ley. También deben depurar los sistemas judiciales de infiltrados que pervierten la justicia y hasta la letra de las leyes (hay recientes casos judiciales en GB y Alemania que ofenden a la decencia). El gran público tiene que ser informado y lo más convencido posible que se trata de hacer es necesario y ético. Esto último es particularmente difícil, dada la animosidad de los medios tradicionales, pero tiene que ser posible.
Renunciar a la ejecución de la ley justa porque no conviene a los intereses de la izquierda es seguir camino al patíbulo.
ICE ha perpetrado abusos, es cierto. Más allá de reacciones individuales, acude a medidas anticonstitucionales como allanar casas sin orden de un juez. Sin embargo, contesto que ICE confronta la anticonstitucional ausencia de ayuda de las policías locales y hordas de acosadores violentos (por ejemplo, un agente de ICE perdió un dedo de un mordisco de una agitadora) que, inclusive, logran que los expulsen de sus hoteles. Uno quisiera que las policías fueran prístinas, pero en las circunstancias en las que trabaja ICE eso es demasiado pedir.
España cometió el error de actuar con ETA de forma casi prístina. La mayor parte del tiempo los que tenían más miedo, y con razón, eran policías y militares. ETA asesinó a 850 personas, menos de 130 terroristas murieron a manos de la policía. Peor, ETA se trasmutó en partido político y milicia encubierta. Expulsó a decenas de miles de sus territorios y ahora controla totalmente las regiones vascas y algunas aledañas. Muchísimos asesinatos de ETA quedaron impunes, gracias a la “justicia” a la europea todos estos asesinos han salido ó están por hacerlo, en gratas condiciones carcelarias.
Sin policías facultadas (DENTRO DE LA LEY), bien pagadas y con elementos materiales y organización; sin un aparato judicial apropiado (fiscales y jueces obligados a aplicar la ley), no hay gobierno y sociedad que aguanten.
Más que parecerse a la Gestapo, ICE se asemeja a las SA o a las primeras SS. No es una policía secreta dedicada al exterminio político, pero sí un cuerpo represivo con lógica paramilitar: agentes sin identificaciones visibles, rostros cubiertos, redadas sin órdenes claras y detenciones sumarias. Si no operaran bajo autorización ejecutiva, muchas de esas conductas encajarían sin problema en el vigilantismo.
ICE no actúa como policía civil ni como agencia administrativa. Actúa como fuerza de choque: operativos masivos en barrios, despliegue militarizado, irrupciones espectaculares y uso letal de la fuerza contra población civil, todo subordinado directamente a la agenda política del presidente. Eso no es aplicación ordinaria de la ley; es intimidación territorial.
Por eso, lo verdaderamente facilón no es la analogía histórica, sino minimizar lo que está pasando. Cuando un gobierno usa una fuerza armada para disciplinar a su propia población, el problema no es la comparación: es la deriva autoritaria.
Ah, sí, mi querido Constantino. Mi desacuerdo es conceptual. El fascismo requiere un Estado monolítico, centralizado y sin disenso efectivo. Aquí hay cortes que frenan, estados que resisten, medios que condenan y un Ejecutivo que incluso recula cuando el costo electoral aprieta. Es otra arquitectura. Nombrar mal el fenómeno le sirve al poder, porque desacredita a sus críticos. Es exactamente lo que pasó en México cuando a López Obrador se le llamó “Hugo Chávez”. El diagnóstico errado permitió al régimen presentarse como víctima de alarmismo mientras avanzaba por otra vía. Y ya nos torcieron. Con Trump ocurre algo similar. Para nada minimizo, todo es condenable, pero tiene una nueva mecánica.
Mi punto no es que exista un fascismo consolidado, sino que hay rasgos funcionales de fuerza de choque y concentración de poder que la historia ya ha visto antes. Exagerar puede desacreditar, pero minimizar también le sirve al poder: les resta gravedad a derivas autoritarias que sí son preocupantes. Esperar un Estado monolítico para reconocer el problema equivale a diagnosticar incendios sólo cuando el edificio ya colapsó.
Estimado Pablo: en esta ocasión sí me sorprende que no coincidas con Oscar. Frecuentemente se te tachó de pesimista y alarmiata cuando en las mesas de debate de la hora de opinar señalabas cada paso y rasgo fascistoide de la 4T. Tus compañeros de mesa utilizaron los mismos argumentos que utilizas en este artículo para rebatirte en ese entonces. El régimen de Trump comparte muchos rasgos morenistas que los acercan al fascismo, tú mismo lo has mencionado. En esta ocasión, me parece que la retórica utilizada es digna de los más grandes maromeros de la 4T. Por otro lado, me agrada no coincidir contigo aunque sea una vez. Te mando saludos y que continúe favorablemente tu recuperación.
Jajaja, gracias, estimado J. Alberto. Voy a escribir una 2da Parte el jueves porque veo que causó polémica. Intentaré explicarme mejor. De cualquier manera aclaro que nunca dije que en México se iba a instalar un régimen fascista sino que esto es lo más cercano que hemos llegado al fascismo sin haber llegado propiamente a él, considerando además muchos elementos marxistas y sui generis. Lo sigo pensado. No ha sido posible en México un régimen totalitario por muchas razones, entre la orografía, la cultura, la politización y otras. Con todo, los elementos de alarma eran más en el obradorismo, y aquí sí florecieron. La prueba es que ya nos torcieron. Aquí sí destruyeron a la república y a la democracia. Sostengo que eso no va a pasar allá. O no siguiendo el manual fascista. Pero lo explico el jueves.
No podría estar más de acuerdo con tu premisa, Pablo. Además, la ilustración de tu artículo, de primera. 👌
Pablo, espero que estés mejor.
Pareciera que esa degradación institucional interna y externa es por diseño, les abre espacio para posicionarse en cotos de poder afines a sus intereses, mas económicos que políticos.
La polarización les ayuda en cuanto a que aleja el diálogo racional y les da mas libertad de acción.
Estimado Pablo, buenos días. Me encantaría saber cómo contrastas lo que escribes esta semana en tu columna con este artículo que publicó Jonathan Rauch hace unos días en The Atlantic. Como siempre, los dos construyen argumentos persuasivos.
Un abrazo
https://www.theatlantic.com/ideas/2026/01/america-fascism-trump-maga-ice/685751/?gift=3vSX-wdnYSYOeF47RyS7jUx0GdjE3VS0txeTFi6afaA&utm_source=copy-link&utm_medium=social&utm_campaign=share
Hola Poncho, mira, el artículo salió antes de que Trump reculara en Minnesota, y yo sospecho que el autor no se hubiera animado a escribirlo así después, sencillamente porque ese solo hecho sirve para refutar de mil maneras las hipótesis, tanto por la disposición psicológica de Trump, como por la arquitectura republicana de Estados Unidos. Tengo la impresión de que el artículo responde a un momento editorial. Pero no lo sé. Uno también puede encontrar ejemplos para refutar cada apartado del artículo. En todo caso, me quedo con esto al final, con lo que coincido… “So the United States, once the world’s exemplary liberal democracy, is now a hybrid state… but no, it has not fallen to fascism. And it will not.”
Aprecio mucho tu respuesta Pablo. Encuentro fascinante el contraste y el enriquecimiento de lecturas que --ustedes-- los expertos hacen; me parece importante, como lo hizo Mauricio Merino hace mucho tiempo (en El Universal) para el caso mexicano, nombrar las cosas como son, en la medida que el termino fascista ayude a entender cómo resistir y qué esperar de estos funestos regímenes.
Un abrazo
Las redadas de Trump han deportado bastante menos gente que las de Obama. Los medios tradicionales sólo las descubrieron y criticaron –junto con las jaulas para ilegales— cuando las hace Trump, no Obama.
La izquierda gringa, como todas las demás de mundo, controla a los medios tradicionales. La otra parte de la pinza es su control de la calle. Cuenta con agitadores profesionales, bien organizados y coordinados, capaces de mucha violencia e inclusive de conseguir tontos útiles para la inmolación. Ahora también goza de financiamientos abundantes de gobiernos y millonarios adictos a la causa revolucionaria, vía esa inmundicia que es el sistema de ONGs.
La receta del zurderío es simple, impedir cualquier medida que no quiera usando ambos elementos en conjunción (aunque, la mayoría de la veces, basta amagar con la calle para acobardar a sus oponentes). Los tontos útiles derivados de la actuación de gobierno se convierten en mártires. Esos mártires hacen que las autoridades centrales claudiquen una y otra vez. De más está decir que sólo la izquierda tiene mártires. Las víctimas de Venezuela o Irán no son importantes para los medios y menos para las hordas rojas.
La pinza zurda ahora cuenta con el respaldo de autoridades locales que violan obligaciones constitucionales al abstenerse de ayudar a las autoridades centrales o a gente que ha sido objeto de acoso y agresión física por no ser de izquierdas. Eso es sumamente grave y pone las semillas de la disolución de los gobiernos.
Trump no ha tenido problemas en los estados republicanos, a pesar de que ICE también ha perpetrado abusos contra los derechos. Por decisión política, no por virtud, actuó en Minnesota. Ese estado está ahora dominado por los demócratas, justamente por lo que temen los republicanos –importación de inmigrantes corrompidos, bien regados con miles de millones de dólares de dinero público—. Por supuesto, la administración demócrata del lugar es tremendamente woke. Minnesota es un campo importante de batalla y será muy interesante ver en qué termina.
Díaz Ordaz es aborrecible porque destruyó la legitimidad del uso de la fuerza por parte del gobierno mexicano. Un buen gobierno precisa del justo uso de la fuerza pública. La deriva mexicana comenzó desde 1968. En España la cosa es similar y lo mismo va por otros sitios de Europa.
Los gobiernos liberales tienen que tener policías competentes y represivas, dentro de la ley. También deben depurar los sistemas judiciales de infiltrados que pervierten la justicia y hasta la letra de las leyes (hay recientes casos judiciales en GB y Alemania que ofenden a la decencia). El gran público tiene que ser informado y lo más convencido posible que se trata de hacer es necesario y ético. Esto último es particularmente difícil, dada la animosidad de los medios tradicionales, pero tiene que ser posible.
Renunciar a la ejecución de la ley justa porque no conviene a los intereses de la izquierda es seguir camino al patíbulo.
Esto último que dices, Alex, es otra razón por la que creo que ICE se equivoca. El principio legítimo del orden se erosiona.
ICE ha perpetrado abusos, es cierto. Más allá de reacciones individuales, acude a medidas anticonstitucionales como allanar casas sin orden de un juez. Sin embargo, contesto que ICE confronta la anticonstitucional ausencia de ayuda de las policías locales y hordas de acosadores violentos (por ejemplo, un agente de ICE perdió un dedo de un mordisco de una agitadora) que, inclusive, logran que los expulsen de sus hoteles. Uno quisiera que las policías fueran prístinas, pero en las circunstancias en las que trabaja ICE eso es demasiado pedir.
España cometió el error de actuar con ETA de forma casi prístina. La mayor parte del tiempo los que tenían más miedo, y con razón, eran policías y militares. ETA asesinó a 850 personas, menos de 130 terroristas murieron a manos de la policía. Peor, ETA se trasmutó en partido político y milicia encubierta. Expulsó a decenas de miles de sus territorios y ahora controla totalmente las regiones vascas y algunas aledañas. Muchísimos asesinatos de ETA quedaron impunes, gracias a la “justicia” a la europea todos estos asesinos han salido ó están por hacerlo, en gratas condiciones carcelarias.
Sin policías facultadas (DENTRO DE LA LEY), bien pagadas y con elementos materiales y organización; sin un aparato judicial apropiado (fiscales y jueces obligados a aplicar la ley), no hay gobierno y sociedad que aguanten.
Más que parecerse a la Gestapo, ICE se asemeja a las SA o a las primeras SS. No es una policía secreta dedicada al exterminio político, pero sí un cuerpo represivo con lógica paramilitar: agentes sin identificaciones visibles, rostros cubiertos, redadas sin órdenes claras y detenciones sumarias. Si no operaran bajo autorización ejecutiva, muchas de esas conductas encajarían sin problema en el vigilantismo.
ICE no actúa como policía civil ni como agencia administrativa. Actúa como fuerza de choque: operativos masivos en barrios, despliegue militarizado, irrupciones espectaculares y uso letal de la fuerza contra población civil, todo subordinado directamente a la agenda política del presidente. Eso no es aplicación ordinaria de la ley; es intimidación territorial.
Por eso, lo verdaderamente facilón no es la analogía histórica, sino minimizar lo que está pasando. Cuando un gobierno usa una fuerza armada para disciplinar a su propia población, el problema no es la comparación: es la deriva autoritaria.
Ah, sí, mi querido Constantino. Mi desacuerdo es conceptual. El fascismo requiere un Estado monolítico, centralizado y sin disenso efectivo. Aquí hay cortes que frenan, estados que resisten, medios que condenan y un Ejecutivo que incluso recula cuando el costo electoral aprieta. Es otra arquitectura. Nombrar mal el fenómeno le sirve al poder, porque desacredita a sus críticos. Es exactamente lo que pasó en México cuando a López Obrador se le llamó “Hugo Chávez”. El diagnóstico errado permitió al régimen presentarse como víctima de alarmismo mientras avanzaba por otra vía. Y ya nos torcieron. Con Trump ocurre algo similar. Para nada minimizo, todo es condenable, pero tiene una nueva mecánica.
Mi punto no es que exista un fascismo consolidado, sino que hay rasgos funcionales de fuerza de choque y concentración de poder que la historia ya ha visto antes. Exagerar puede desacreditar, pero minimizar también le sirve al poder: les resta gravedad a derivas autoritarias que sí son preocupantes. Esperar un Estado monolítico para reconocer el problema equivale a diagnosticar incendios sólo cuando el edificio ya colapsó.
Claro que es preocupante. Sólo digo que es otro fenómeno.
Estimado Pablo: en esta ocasión sí me sorprende que no coincidas con Oscar. Frecuentemente se te tachó de pesimista y alarmiata cuando en las mesas de debate de la hora de opinar señalabas cada paso y rasgo fascistoide de la 4T. Tus compañeros de mesa utilizaron los mismos argumentos que utilizas en este artículo para rebatirte en ese entonces. El régimen de Trump comparte muchos rasgos morenistas que los acercan al fascismo, tú mismo lo has mencionado. En esta ocasión, me parece que la retórica utilizada es digna de los más grandes maromeros de la 4T. Por otro lado, me agrada no coincidir contigo aunque sea una vez. Te mando saludos y que continúe favorablemente tu recuperación.
Jajaja, gracias, estimado J. Alberto. Voy a escribir una 2da Parte el jueves porque veo que causó polémica. Intentaré explicarme mejor. De cualquier manera aclaro que nunca dije que en México se iba a instalar un régimen fascista sino que esto es lo más cercano que hemos llegado al fascismo sin haber llegado propiamente a él, considerando además muchos elementos marxistas y sui generis. Lo sigo pensado. No ha sido posible en México un régimen totalitario por muchas razones, entre la orografía, la cultura, la politización y otras. Con todo, los elementos de alarma eran más en el obradorismo, y aquí sí florecieron. La prueba es que ya nos torcieron. Aquí sí destruyeron a la república y a la democracia. Sostengo que eso no va a pasar allá. O no siguiendo el manual fascista. Pero lo explico el jueves.
¿Porqué afirmas que Mamdani es socialista?. Se le puede llamar socialista y “welfare city”, solo que socialista es otra cosa
Corrección: la segunda mención de socialista debió haber sido “ populista”…