Bombas expansivas en Iberoamérica
De Caracas hasta la Moncloa los alcances colaterales de la extracción del dictador Maduro.
De regreso a este espacio, con un inicio de año movidito. Antes de ir al tema central, haré sólo un apunte sobre el descarrilamiento del Tren Interoceánico.
Parecía el único proyecto viable del régimen: con visión de futuro, estratégico y autosustentable. Pero, como todo lo que toca el obradorismo, la avaricia desmedida, los negocios truchos y la falta de pericia técnica lo convirtieron en una pifia.
Era un proyecto con tres objetivos:
Servir como frontera física para contener la migración en el Istmo.
Contar con tres vías de tren rápido —dos de carga y una de pasajeros— para ayudar a desahogar el transporte marítimo entre océanos y detonar la economía local.
Y construir en paralelo dos grandes poliductos de hidrocarburos que agilizarían el traslado de combustibles entre la costa este norteamericana y Asia.
Nada de eso se cumplió. Todo quedó en remodelaciones mínimas y mal hechas, destinadas a justificar el robo del presupuesto, lo que derivó en la muerte de varios pasajeros y en otra oportunidad perdida para ser un actor relevante en el comercio mundial.
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Ya entrando en el tema central, comentemos sobre Venezuela. Más bien sobre algunos de los otros países —o gobiernos— que pueden verse afectados por la aprehensión de Maduro y la posible y eventual caída del régimen chavista.
Sin duda, el país más afectado será Cuba. Incluso hay quien afirma que el verdadero objetivo del cerco a Venezuela es la mera isla. Aprovechando que los hermanos Castro ya están muertos, los estadounidenses buscan que el desgaste económico y la pobreza alcancen un nivel tal que Díaz-Canel no resista la presión social y acepte una transición pactada. La operación en Caracas, como efecto colateral, también dejó 32 cubanos muertos y evidenció que el mito de la inteligencia cubana era eso: un mito.






