Soñar no cuesta nada
El Mundial simplemente ha sacado a relucir la principal virtud de los oriundos de esta gran nación, que es Méjico.
La mayor virtud de los naturales de estas tierras no es nuestro ingenio ni la capacidad incombustible para reírnos de lo que sea (dicho sea de paso, estas dos cualidades no son virtudes sino mentiras).
Tampoco es nuestra mayor virtud ser hospitalario ni solidario (mentiras también). La mayor virtud de los mejicanos es evadirnos de la realidad o, como se le conoce científicamente, hacerse pendejo.
Para ilustrar mi afirmación voy a poner un ejemplo financiero. Si un mejicano debe dinero a otro mejicano, evade el compromiso magistralmente. Su maestría para hacerse guaje raya en lo milagroso. Sin embargo, el acreedor también evade la cobranza. En ningún caso, éste afrontará al deudor para preguntarle: «¿cuándo me pagas?»; muchísimo menos para ordenarle que salde la deuda.
¡Este domingo! Estrenamos Cuentos de Obradohorror, una serie de ficción política que mezcla terror y humor. Con ilustraciones originales de Viviana Hinojosa.
Los mejicanos vivimos escurriendo el bulto, dándole la vuelta a las cosas hasta conseguir escapar de la realidad que nos envuelve. Otra manifestación —más folclórica— de esta gran virtud nacional que es eludirlo todo ocurre a propósito de la justa mundialista, en general, y de los triunfos del seleccionado nacional, en particular.
Nada como una buena pachanga para entrar a la dimensión desconocida y olvidarnos de todo. Estos días de mundial han servido para constatar que la realidad no es insalvable y que bastan un montón de partidos de futbol para instalarnos momentáneamente en el mundo de caramelo.
Un mundo que se volvió más dulce e irresistible gracias a los triunfos con la portería en ceros del Tri. El miércoles, la CDMX fue mudo testigo de…




