En nuestros pardos tiempos de censura multitudinaria y corrección política resulta difícil entrevistar al personaje de mayor interés público: el diablo. Si para Walter Lippmann “la tarea más alta del periodista es decir la verdad y deshonrar al diablo”, su máxima está en aprietos. También la de nuestro Julio Scherer: “si el diablo me ofrece una entrevis…
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