Disidencia

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Entresijos

Por fin hemos llegado a la República Amorosa

La derecha otra vez quiere desestabilizar el proyecto de la Transformación.

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Profesor Doval
abr 24, 2026
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Por supuesto, los recientes —y muy lamentables— eventos de violencia en esta gran nación, que es Méjico (me refiero al asesino de Teotihuacán y a la señora que asesinó a su nuera en Polanco etcétera) respondieron a un interés de generar desestabilización, de generar desorden social y, sobre todo, de atentar contra el proyecto de nación que la Cuarta Transformación ha venido impulsando.1

Por supuesto también, la ultraderecha comandada por Felipe Calderón y sus secuaces sólo sabe hacer una cosa: odiar. Los fascistas votantes de otros partidos que no son el Morena odian que 13 millones de mejicanos del Pueblo hayan dejado la pobreza y ahora le compitan de tú a tú al Ingeniero Slim. Odian que el gobierno del segundo piso de la Cuarta Transformación esté dando becas a un soldado en cada hijo te dio. Odian que el mundial de futbol sea en nuestra gran nación.


Ya en el podcast: Narcopolíticos. Con Miguel Meza. Escucha aquí.


Y no se cansan de odiar. Odian porque son de derecha y, para su mala fortuna, sólo se puede amar en la izquierda. Esto lo sabemos gracias a la palabra de la Doctora Claudia Sheinbaum Pardo, palabra que es luz en la oscuridad. A su regreso de la hermana República de Catalunya, a donde fue a participar en la IV reunión en defensa de la democracia, en la mañanera de este lunes 20 de abril, la Mandamás dijo:

«La derecha es el odio. La derecha es la discriminación, el clasismo, el racismo. La derecha es la represión».

Y esto lo dijo porque era necesario decirlo. La Jefa del Estado Mejicano y de todo lo visible y lo invisible dijo que si uno no es de izquierda, es un ser lleno de odio. Un adelanto de este anuncio nos lo dio desde Barcelona. Allá, en la reunión para defender a la pobrecita democracia que anda de capa caída, la PresidentA Sheinbaum —quien en sus pocos ratos libres se dedica a separar la luz de las tinieblas— inició su breve, pero sentido discurso con una confesión:

«Vengo a la cumbre por la democracia a nombre de un pueblo trabajador, creativo y luchador, pero sobre todo profundamente generoso. Un pueblo que ha aprendido a resistir sin odiar… y que no te he dejado de adorar».

Además de CientificA, nuestra PresidentA también es PoetA

Pero, como el tranvía de Coyoacán que atropelló a Frida Kahlo, la cosa no paró allí. Mi Comandanta Superior le dijo al mundo lo que el mundo no esperaba escuchar; pero necesitaba saber:

«La democracia es, ante todo, un ejercicio ético. Es elevar el amor por encima del odio. Es reconocer al otro como igual, como parte de una comunidad más amplia».

La democracia no es, como muchos pensaban, un sistema que garantiza a los ciudadanos la libertad de pensar y de hacer dentro de un marco legal que fomente el bien común, la generación de riqueza y el desarrollo de las potencialidades humanas en un ambiente seguro, plural y diverso. La democracia tampoco es eso que nos han contado al respecto de la división de poderes en el gobierno sobre un sistema de representación de la diversidad que constituye una sociedad civilizada.

No, señores. La democracia es…


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