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Perder el registro en Sonora

La caída del PRI en Sonora augura la caída no sólo del PRI nacional sino que es una radiografía de la oposición entera.

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Raudel Ávila
mar 22, 2026
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Esta semana, Alejandro Moreno, el dirigente nacional del PRI, destapó dos precandidatos de su partido a la gubernatura de Sonora. Parecería algo que sólo interesa a los sonorenses, pero a mí me resulta revelador de la descomposición y las derrotas que se avecinan para la oposición a nivel nacional en 2027.

  • Consideremos un dato simple. El sistema político moderno en México fue una creación de los sonorenses, esos generales que ganaron el conflicto fratricida conocido como Revolución Mexicana. El Presidente Álvaro Obregón, un carismático estratega militar invicto, creó el sistema educativo mexicano del siglo XX, asesorado nada menos que por José Vasconcelos. Y después, fue un sonorense quien tuvo la visión de crear el primer partido político de alcance nacional en el siglo XX. Plutarco Elías Calles, por más que le odie la derecha, fue el estadista que pacificó al país, organizó por primera vez la lucha política alrededor de un partido, impuso reglas escritas y no escritas para la sucesión en el poder, fundó el Banco de México, nada menos que asesorado por Manuel Gómez Morín para ordenar la economía nacional, y regularizó las relaciones con Estados Unidos, mediante su personal seducción del embajador norteamericano Dwight Morrow. En otras palabras, las bases institucionales que dieron estabilidad, gobernabilidad y diferenciaron a México del resto de América Latina todo el siglo XX, las puso un maestro rural sonorense que empezó en la política como presidente municipal y desde ahí llegó hasta la Presidencia de la República. No era un intelectual, ni un refinado y culto estadista capitalino, sino un político de territorio fronterizo que veía con envidia y admiración la modernidad estadounidense y quería lo mismo para México.


Lee: La dignidad del humanismo mexicano, del Profesor Doval.


  • El PRI nacional anunció que apoyará la candidatura de cualquiera de dos figuras escasamente conocidas para la gubernatura de Sonora. Esto desalentó a mucha gente en la oposición, pues desde hace tiempo es sabido que el único personaje opositor con posibilidades de ganar la gubernatura, es el actual presidente municipal de Hermosillo, Antonio Astiazarán, mejor conocido como “el Toño.” A pesar de su pertenencia al panismo, la gente esperaba que, a nivel local, el PRI apoyara a Astiazarán, así como la vez anterior el PAN apoyó un priista, el “Borrego Gándara.” No obstante, el PRI y el PAN nacional ya dejaron claro que no habrá alianza. Es verdad que Alito Moreno no se ha cansado de pedir esa alianza, pues sabe que individualmente, su partido vale cada vez menos. Pero también es verdad que su partido vale cada vez menos por culpa suya. Alito hizo del PRI una caricatura. El partido de la no-reelección se convirtió en el partido del dirigente eterno, que es Alejandro Moreno. El partido de Calles, que para estabilizar México incluyó a todos los sectores, se volvió el partido más excluyente, pues Alejandro Moreno expulsó y/o marginó a todos los priistas que no estuvieran de acuerdo con él, incluidos una docena de expresidentes nacionales del partido, llevando a su institución a la insignificancia numérica. Ahora es el partido del extorsionador. Como no me dan alianza, mandaré candidatos a perder por el puro gusto de dividir el voto opositor. De paso, Alejandro Moreno le hace un guiño a Morena, para que no vuelvan a abrir las investigaciones de sus voluminosos expedientes de corrupción. En una de esas, está negociando ya ir en alianza con el oficialismo.

  • Si el PRI postula a sus candidatos desconocidos en Sonora, veremos en toda su crudeza una de las peores perversidades del idealizado sistema político de la transición a la democracia que casi nadie reconoce o admite. En México, nuestro pervertido sistema democrático hizo muy rentable perder. Hay gente dispuesta a ser candidato perdedor de antemano con tal de robarse los recursos públicos que desde la época de Zedillo se le asignan incondicionalmente a todos los partidos. En otras palabras, el negocio no es ganar, sino ser candidato. Algo así como el PAN en la ciudad de México, que fuera de la Benito Juárez no es competitivo, pero se reparte plurinominales y el presupuesto de las campañas de candidatos perdedores engrosa las cuentas de sus dirigentes locales y de los propios candidatos. O sea, Alito puede postular a quien quiera en Sonora y repartirse con el candidato el dinero de una campaña que de todas maneras está perdida. Insisto, estamos hablando de recursos públicos, o sea que los impuestos que usted y yo pagamos terminarán en la bolsa de Alito a cambio de que pierda elecciones. Así de ridículo el sistema de financiamiento partidista creado por “la transición democrática.”


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Raudel Ávila
Aspirante a escritor y analista.
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