Obedecer y avanzar
En una democracia como la nuestra no caben las diferencias. Las diferencias son muy peligrosas.
Cuesta trabajo reponerse de la gran fiesta mundialista. Y cuesta más si pensamos en que esta gran nación, que es Méjico, se dejó el alma en ella y mostró que es anfitriona de excelencia. Durante los días de la gesta deportiva, nuestra Patria ¡oh Patria! se excedió en hospitalidad y decencia. Faltaba más.
Recuérdese que los mejicanos ofrecemos lo mejor a las visitas. La sala de la casa, la vajilla nueva, la mantelería limpia y esas cosas no son para disfrute de propios, sino de extraños. Entrega total.
Pero todo pasa. Hasta la ciruela. Y, en contra de lo que muchos creyeron, la vuelta a la realidad nacional ha sido tersa. ¿Gracias a quién? Por supuesto, gracias a la Doctora Caltzontzin y por tres razones fundamentales:
Primera, porque hace una semana…




