La Megafarmacia del Bienestar fue una ocurrencia, lo opuesto a una política pública efectiva y factible. López Obrador redujo un problema complejo —comprar, abastecer y distribuir medicinas— a construir una bodega gigantesca donde cupieran todas. Un coro de funcionarios y comentócratas la celebró como una gran solución y descalificó a quien preguntaba por sus defectos. Dos años y medio después, las naves industriales de Huehuetoca están vacías y el desabasto sigue ahí. Y quedan más de 15 mil millones de pesos cuyo destino tendrá que aclararse. Gobernar mal no es delito, pero sí debe haber responsabilidades administrativas —para el presidente que lo impulsó, el secretario de Salud que lo respaldó y el director de Birmex que lo coordinó—, reparación del daño al erario y, si aparecen desvíos, consecuencias penales.
Para entender qué estaba mal desde el principio te quiero platicar una historia que Julio Franco Corzo cuenta en su libro Diseño de políticas públicas, un texto que todo interesado en los asuntos públicos debería leer:





