Me ha fascinado durante años el personaje de Noroña porque caricaturiza muy bien lo que decía el disidente checo Václac Havel: que la política es teatro. Esto significa que los políticos en realidad son hombres disfrazados en un escenario y su finalidad es acceder al poder. El chiste para el público es nunca creerles. Y para el periodismo, desenmascararlos. Algunos de ellos por supuesto terminan creyéndose su propio personaje, pero ese es un desliz que la audiencia no puede cometer.
Noroña es desde luego un personaje muy sencillo. Reitero que caricaturiza muy bien la máxima de Havel. Y por eso es muy útil para estudiantes. En cambio, hay personajes realmente muy herméticos, muy bien trabajados, a quienes es muy difícil descubrir. Un buen ejemplo es Ernesto Zedillo, quien siempre se proyectó como un simple transeúnte al que le cayeron los azares del destino, cuando los estudiosos saben bien que fue un grillo de primer orden.
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