La verdad
Las vulnerables audiencias de esta gran nación, que es Méjico, deben ser protegidas de la ultraderecha fascista. A esa labor está abocada la Primera Protectora de la Nación.
La semana pasada fuimos testigos del merecido escarmiento que la sociedad en su conjunto dio a dos señoras diputadas de nuestro movimiento que dijeron unas pendejadas en internet. Las señoras en cuestión reciben los apelativos de Nay Salvatori y Grace Palomares y propagaron su discurso de odio a los viejitos, haciendo apología de violencia geriátrica.
Afortunadamente, los comisarios de la moral y las buenas costumbres entraron de inmediato en acción y llevaron a las señaladas señoras a la hoguera digital. Además, se tomaron las medidas pertinentes para retirarle sus derechos políticos en el partido único Morena, del cual serán expulsadas porque son una porquería fascista.
Es muy de celebrar que esto haya pasado porque sirve para recordar algo que la Doctora Torquemada ha dicho insistentemente pero que no está demás repetir ahora: hay que proteger a las audiencias del influjo malévolo de la ultraderecha y sus discursos de odio.
Se sabe que la ultraderecha está empeñada en odiar y en mentir. Por eso hay que combatirla hasta extirparla de la sociedad. Pero, en lo que los buenos logramos ese extermino, tenemos el deber patriótico de proteger a las indefensas audiencias.
Las audiencias son muy pendejas y están muy expuestas a la interminable información maliciosa que esparce la ultraderecha a través de sus medios de comunicación que, como se sabe, son emporios capitalistas que lo único que buscan es el cochino dinero.
Entonces, como las audiencias son tan pendejas, la Doctora Caltzontzin ha hecho un llamado a cuidarlas, porque el cuidado es muy importante. La Primera Cuidadora de la Nación no va a permitir que nadie abuse de las audiencias diciendo lo que le dé la gana. Nomás faltaba.
Imagínense nada más vivir en una sociedad donde la gente pudiera decir o pensar lo que se le antoje. Eso es muy peligroso porque es fascista. La diversidad de palabra y pensamiento dio lugar a las peores desgracias de la humanidad, desde el Club América, pasando por el periódico Reforma, los chistes de inditos, Loret, los apodos escolares y el grito homofóbico, hasta las ocurrencias pendejas de las señoras esas Salvatori y Palomares que hicieron unos comentarios cargados de violencia en contra de las vejeces.
No voy a repetir esos discursos de odio hacia las ancianidades, por supuesto, porque no somos iguales. Pero sí quiero insistir en que una verdadera democracia no tolera a la ultraderecha, a la que hoy dan cabida los medios tradicionales. Es más: en una sociedad civilizada ni siquiera caben las opiniones de la derecha, vamos a llamarla «moderada»; que, por otro lado, no existe.
En una democracia progresista y de derechos…
Te invitamos a seguir leyendo esta importante defensa de las audiencias que hace el Profe Doval. Suscríbete.
La semana pasada fuimos testigos del merecido escarmiento que la sociedad en su conjunto dio a dos señoras diputadas de nuestro movimiento que dijeron unas pendejadas en internet. Las señoras en cuestión reciben los apelativos de Nay Salvatori y Grace Palomares y propagaron su discurso de odio a los viejitos, haciendo apología de violencia geriátrica.
Afortunadamente, los comisarios de la moral y las buenas costumbres entraron de inmediato en acción y llevaron a las señaladas señoras a la hoguera digital. Además, se tomaron las medidas pertinentes para retirarle sus derechos políticos en el partido único Morena, del cual serán expulsadas porque son una porquería fascista.
Es muy de celebrar que esto haya pasado porque sirve para recordar algo que la Doctora Torquemada ha dicho insistentemente pero que no está demás repetir ahora: hay que proteger a las audiencias del influjo malévolo de la ultraderecha y sus discursos de odio.
Se sabe que la ultraderecha está empeñada en odiar y en mentir. Por eso hay que combatirla hasta extirparla de la sociedad. Pero, en lo que los buenos logramos ese extermino, tenemos el deber patriótico de proteger a las indefensas audiencias.
Las audiencias son muy pendejas y están muy expuestas a la interminable información maliciosa que esparce la ultraderecha a través de sus medios de comunicación que, como se sabe, son emporios capitalistas que lo único que buscan es el cochino dinero.
Entonces, como las audiencias son tan pendejas, la Doctora Caltzontzin ha hecho un llamado a cuidarlas, porque el cuidado es muy importante. La Primera Cuidadora de la Nación no va a permitir que nadie abuse de las audiencias diciendo lo que le dé la gana. Nomás faltaba.
Imagínense nada más vivir en una sociedad donde la gente pudiera decir o pensar lo que se le antoje. Eso es muy peligroso porque es fascista. La diversidad de palabra y pensamiento dio lugar a las peores desgracias de la humanidad, desde el Club América, pasando por el periódico Reforma, los chistes de inditos, Loret, los apodos escolares y el grito homofóbico, hasta las ocurrencias pendejas de las señoras esas Salvatori y Palomares que hicieron unos comentarios cargados de violencia en contra de las vejeces.
No voy a repetir esos discursos de odio hacia las ancianidades, por supuesto, porque no somos iguales. Pero sí quiero insistir en que una verdadera democracia no tolera a la ultraderecha, a la que hoy dan cabida los medios tradicionales. Es más: en una sociedad civilizada ni siquiera caben las opiniones de la derecha, vamos a llamarla «moderada»; que, por otro lado, no existe.
En una democracia progresista y de derechos…
Te invitamos a seguir leyendo esta importante defensa de las audiencias que hace el Profe Doval. Suscríbete.
…sólo es posible pensar y decir de una única forma. Esa manera es la manera de la paz y de la justicia social. Esto no lo entiende el fascismo, que nunca ha pensado en el Pueblo y que sólo quiere dinero. Tomemos como ejemplo la sociedad de Estados Unidos, que está enferma. En su constitución de sólo siete artículos —mi vida— no estaba contemplado uno sobre la libertad de expresión; así que tuvieron que hacer una enmienda que dice:
«El Congreso no legislará respecto al establecimiento de una religión o la prohibición de la libre práctica de la misma; ni impondrá obstáculos a la libertad de expresión o de la prensa; ni coartará el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y para pedir al gobierno la reparación de agravios».
A diferencia de los gringos, nuestra carta magna tiene un artículo sexto constitucional en cuyo primer párrafo leemos:
«La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros, provoque algún delito, o perturbe el orden público; el derecho de réplica será ejercido en los términos dispuestos por la ley. El derecho a la información será garantizado por el Estado».
Esto no lo entiende la derecha. La ley establece que si lo que dice alguien es un ataque a la moral debe ser llevado a la inquisición judicial o administrativa. Así de claro. Y el segundo párrafo garantiza que «toda persona tiene derecho al libre acceso a información plural y oportuna».
Eso es, precisamente, lo que la Doctora Torquemada quiere garantizar. Que los derechos de las audiencias a la verdad estén asegurados, que nadie les mienta porque las audiencias son muy estúpidas y no saben distinguir ni el cilantro del perejil.
De lo único que es culpable la Doctora Torquemada es del inmenso amor que le tiene a Su Pueblo; tanto, que hasta daría su vida para protegerlo de las mentiras, de los chistes pelados y de las pendejadas sin gracia que dicen Nay Salvatori y Grace Palomares —que tampoco— en un podcast.
En el Méjico de la Cuarta Transformación vamos a velar por la salvaguarda moral —como establece nuestra carta magna— del Pueblo. Para eso existen comisarios que oportunamente denuncian a quien osó cometer herejías. Porque, eso sí, nuestro Pueblo es muy mensito, pobre y necesita que lo cuide la Doctora Nodriza, que Ella le diga qué sí y qué no. Que le enseñe el único camino posible: la senda del bien.
Para lograr este cometido, la comisaria Luisa María Alcalde encabeza esa gran iniciativa que es Derecho de réplica, un espacio donde se nos dice el Credo de la Cuarta Transformación y se nos explica la Doctrina Sheinbaum, su Palabra y su Alianza. Desde ese nuevo Sinaí que es Palacio Nacional, La Verdad se nos revela cada mañana. Amén. ⦿






