La presión y el caos
La competencia burocrática de Estados Unidos aumentará la anarquía mexicana por un tiempo.
Estados Unidos ya hizo el viraje estratégico que hemos comentado: los cárteles mexicanos dejaron de ser vistos como meros traficantes de droga y pasaron a ser organizaciones híbridas que mezclan terrorismo, insurgencia, política y crimen organizado a nivel hemisférico. Es decir, amenazas de seguridad nacional.
Con ese cambio, pasamos de la retórica del contrabando al lenguaje de la defensa, de la inteligencia y de la guerra, lo que coloca al régimen mexicano geométricamente en contra de Estados Unidos. Ese parece ser el nuevo juego: una política más homogénea.
Pero una cosa es la estrella a seguir y otra el camino. Si bien hay una nueva meta general e incluso la creación de fuerzas de tarea interinstitucionales donde participan muchas agencias contra el enemigo, no podemos olvidarnos de la competencia burocrática entre agencias, porque la realidad es que Estados Unidos nunca ha operado como un solo animal y seguirá sin hacerlo. Opera más bien como un archipiélago de agencias con incentivos, mandatos, métodos y clientelas distintas. Y aunque haya una nueva estrategia nacional, eso no quiere decir que las agencias dejen de competir entre sí por distintos objetivos: presupuesto, favores, intereses, crecimiento, venganzas, etc.
¡Ya en el podcast! ¿Por qué México no es bueno en fútbol? Con Martín del Palacio.
La DEA y el FBI generalmente buscan investigaciones judicializables, testigos, expedientes y extradiciones conectadas con el Departamento de Justicia. La CIA, en cambio, prefiere fuentes, unidades discretas, inteligencia operativa y canales clandestinos. Homeland Security resguarda la frontera, los puertos, los aeropuertos, la migración y las redes transnacionales. La ATF persigue las armas, el Departamento del Tesoro rastrea el dinero y el Pentágono busca amenazas, tecnologías militares, capacidades de ataque y letalidad. Todas comparten un enemigo común, pero no necesariamente tienen el mismo objetivo inmediato, ni el mismo método, ni especialmente los mismos “aliados” en México.
Y ahí empieza el desorden que les quisiera comentar:




