La ingeniosa campaña del PRI
Ante la censura del régimen, el PRI respondió con una formidable campaña que hace eco en el mejor espíritu de la disidencia.
El INE le prohibió al PRI decirle “narcopartido” a Morena, así como usar las palabras “narcogobierno”, “narcopolíticos” y “Cártel de Morena”.
Desde hace mucho, el INE dejó de ser un árbitro electoral y se convirtió en policía del lenguaje al servicio del poder. Ha perseguido mediante figuras como la “violencia política de género” o alegando discriminación por obesidad. En su calidad de juez capturado, ahora le prohíbe a un partido de oposición ciertas palabras incómodas en lugar de prohibirle al régimen asociarse con el crimen organizado.
Los motes prohibidos están plenamente documentados en cientos de reportes periodísticos, alertas militares, informes de inteligencia, juicios internacionales, testimonios e investigaciones. Sin embargo, en lugar de refutar la acusación con ideas, argumentos u otras campañas dejando que el elector decida, el régimen prefiere censurar las palabras, no porque sean falsas, sino precisamente porque son veraces.
Pero hoy no me interesa discutir la veracidad de la acusación, ya lo hemos hecho en otras ocasiones. Me interesa destacar la ingeniosa campaña del PRI en respuesta a la censura, orquestada por Jorge Garcés, un estratega digital de amplia experiencia.
En lugar de callarse, acatar y autocensurarse, el PRI desplegó una inteligente campaña en redes sociales para burlarse de la prohibición. Con juegos de palabras, humor, participación del público y dobles sentidos, no sólo le dio la vuelta a la mordaza, sino que dejó ver la molestia que el prefijo “narco” causa en el régimen.




Pienso que es así como hay que responder frente a la censura. No digo que sea suficiente para vencer a una tiranía ni que el PRI sea un vehículo idóneo, sino que la campaña per se es estupenda y la respuesta correcta.
El disidente checo Václav Havel, en su célebre libro El poder de los sin poder, recomienda precisamente eso: actuar “como si” hubiera plenas libertades y “vivir en la verdad”. Es algo que repetía mucho Christopher Hitchens y que yo he promovido frente a la pulsión autoritaria de Morena, especialmente ahora que se avecinan los nuevos lineamientos para los “derechos de las audiencias” y el régimen se dispone a vigilar y censurar a los medios de comunicación.
Las razones son varias:





