La Corte no está huérfana, está perdida
En una sola semana, el máximo tribunal pasó de prometer sobriedad institucional a exhibir desorden, frivolidad y una preocupante falta de oficio jurídico.
En cuestión de días, la Suprema Corte acumuló tres episodios que retratan mejor que cualquier discurso el estado real del tribunal: primero, la autorización para adquirir camionetas blindadas para los ministros, con costos que superan con facilidad el millón de pesos por unidad, y su posterior “reasignación” o no utilización sólo después de que el tema estalló en medios; después, la necesidad de corregir en el pleno un proyecto de la ministra Lenia Batres porque incluía argumentos jurídicamente indefendibles; y finalmente, la aparición de un contrato administrativo para la elaboración de un retrato personal de la misma ministra, cancelado únicamente tras la presión pública. Camionetas de lujo. Pleitos internos. Gastos decorativos. Esa fue la agenda visible del máximo tribunal del país.





