La apuesta del Licenciado
El cálculo de López Obrador frente a la presión de EE.UU. Además, en la Esquirla, comenzamos el Mundial recordando el famoso Milagro de Berna.
Si estoy leyendo bien, López Obrador ya hizo su apuesta. Ya echó los dados respecto a Trump, a la presión de Estados Unidos, al abanico de acciones en su contra y, en consecuencia, a su propio margen de maniobra.
Y su apuesta es que nunca van a venir por él.
Pueden solicitar a gobernadores e incluso llevárselos, quitar visas, investigar funcionarios, montar juicios, tener testigos protegidos, amagar con el T-MEC, pero realmente venir por él y llevárselo —calcula él— es altamente improbable, si no es que imposible.
No digo que tenga razón ni que no se pueda equivocar, sólo digo que esa parece ser su apuesta. Y considerando que en efecto nunca ha sucedido —que Estados Unidos nunca ha arrestado a un presidente o expresidente mexicanos y que en este caso él es quien ejerce el poder de facto— puede ser una apuesta razonable.
Además de lo inédito, calcula que su coalición tiene suficiente solidez con las filas restantes, digamos, con los no-acusados, los que queden, que son la mayoría. Porque los gringos se pueden llevar a tres o cuatro gobernadores, dos o tres senadores, un par de militares, pedir extradiciones si usted quiere de 50 funcionarios menores. Pero López Obrador estima que con el sobrante tiene. Que no sólo cuenta con la lealtad de Sheinbaum y de 15 ó 20 gobernadores que permanecerían en funciones, sino de un sistema electoral que garantiza el poder, teniendo sometido al árbitro y siendo dueño de los tribunales.
Ese es el cálculo que se lee en su más reciente carta. Contrario a diversos colegas y analistas que leen miedo, yo leo lo contrario, una actitud de desafío. Si tuviera miedo, para empezar dudo que hubiera publicado una carta que no sólo lo coloca en el centro de la conversación y le voltea todos los reflectores y la ira de Washington, sino que confirma que él es el verdadero poder detrás del trono. Alguien con miedo preferiría pasar desapercibido.
Pero suponiendo que de todas formas la publicase. Si tuviera miedo la dedicaría a lisonjear a Trump, a prestarse a cooperar y ponerse al servicio de una causa común. Y no sólo no hizo nada de eso, hizo lo contrario: peluceó a Trump, esencialmente diciéndole que no se entera de lo que ocurre a sus espaldas y que ha cambiado, lo que en política todos sabemos es un insulto; y encima, promete proteger el pacto de impunidad usando a la soberanía como coartada. Advierte una radicalización.
La movida concuerda con su biografía política. Me ahorro la lista de vicios en sus espaldas porque no me alcanza el espacio y ya todos los conocemos, pero miedo nunca le he visto. Si acaso le he visto lo contrario: siempre que alguien se rehusa a su voluntad, revira más fuerte, sube la apuesta. Da igual si fue la toma de pozos petroleros, el uso de los padres de Ayotzinapa para desestabilizar, agitar a la CNTE para revertir reformas educativas, extorsionar empresarios, e incluso aliarse con el narco para ascender al poder, usted escoja.
Su historia política no es una de miedo. Bueno, sí es de miedo pero de sus adversarios, miedo de Zedillo a vetarlo por violar la ley para ser Jefe de Gobierno. Miedo de Fox a encarcelarlo por invadir un predio. Miedo de Peña Nieto y los liberales a defender sus reformas. Miedo de los empresarios a perder sus privilegios. Miedo de la oposición a los expedientes judiciales. Miedo de los ministros a defender a la república cuando se ceñía el golpe de Estado. Miedo de los medios y universidades a decir la verdad durante décadas, incluso hoy. Miedo del pueblo a hacerse responsable de su destino. Es un historia de cobardía colectiva. Por eso precisamente ha crecido… hasta destruir al país.
Por último, ha pasado de largo un referente crucial: Fidel. No digo que México sea Cuba. Digo que Fidel Castro es la leyenda que resistió al imperio en su apogeo durante 60 años y sobrevivió cualquier arsenal, espionaje, intentos de asesinato, invasiones, crisis económicas. Para la estirpe de López, Fidel es un héroe. Desafiar al imperio no es una imprudencia, sino una fuente de legitimidad. La apuesta va tan lejos que el Licenciado no sólo piensa que los tiempos son los mismos, sino que incluso si se equivoca y vienen por él, se consagraría como aquel ídolo temerario, dando el salto ya a otro terreno, el mítico y religioso. Créame que caben en él esas ambiciones. 🪶






