Hace unos días salió en la revista Nexos un ensayo de Fernando Escalante sobre la caída del viejo PRI, el fracaso de la democracia, la llegada del obradorismo y el consecuente futuro de México. Escalante es uno de mis intelectuales mexicanos favoritos no sólo por buen escritor, cosa rara en la academia, sino por sus a menudo atinados diagnósticos. El ensayo es largo y dice muchas cosas, pero lo que me interesa comentar aquí con ustedes es su analogía final, donde asemeja el futuro de México ni más ni menos que con África.
Desde luego no es una profecía exacta. Es una analogía política con todos los inconvenientes que pudiera tener. África es un continente inmenso, hecho de 54 países, con historias en su interior totalmente opuestas, mil quinientos millones de habitantes y trayectorias institucionales muy distintas. No faltaría el académico —vaya ironía— que acusara a Escalante de impreciso y laxo por no ajustarse milimétricamente a las definiciones de claustro.
Pero, por lo que vale la analogía, pienso que hay que aprovecharla. Como provocación —y conociendo la carga que implica el arquetipo de “África”— es escalofriante, pues a mi parecer tiene una buena dosis de verdad.




