Me asoleaba en un camastro en un hotel en Cancún cuando se me resbaló un totopo con ceviche. Cayó con la cara que tenía el ceviche hacia el suelo –pérdida irreparable. A los pocos minutos se acercó una hormiga, husmeó el manjar un momento, se untó la cátsup en las antenas y regresó por donde había venido. El sol y la cerveza me invitaron a observar fija…
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