Hit me
En esta civilización mejicana hemos encontrado una forma más expedita que el diálogo para resolver desacuerdos.
Obviamente, en esta gran nación, que es Méjico, hemos visto demasiado box. Ni falta que nos hace ver más. Somos una nación puñetera… o sea: resolvemos las cosas a puñetazos. Aquí lo que sobran son huevos. Cómo no.
El recorrido lingüístico es demasiado largo y farragoso como para emprenderlo. Muy de hueva, quiero decir. Que si te entendí esto, que si me entendiste aquello, que lo que yo quise decir fue estotro. ¡Uf! Qué cansino. Por eso, el puñetazo nos conduce a un arreglo de manera más eficiente.
¿Que un señor está diciendo justamente lo contrario de lo que yo pienso?: ¡pum! Así de fácil. La sabiduría popular le llama «verdades como puños».
¡Próximo domingo 26! El espejo. Segundo cuento de la serie Cuentos de Obradohorror, con ilustraciones originales de Viviana Hinojosa.
Aunque los ejemplos del método siempre están a la orden del día, las cámaras pululantes por doquier nos permiten atestiguar los contundentes resultados de esta vía de arreglo social y debate. Tal sea el caso de Víctor Rodríguez —otrora salvaguarda y defensor de nuestro petróleo en Pemex—, a quien vimos ponerle unos buenos soplamocos a su señora, mientras ambos se disputaban la posesión de un archivero —no soporto que el periodismo nacional le llame «maletín»—.





