Felicidad
Los americanos, a quienes sólo les importa la droga y el dinero y envidian nuestros valores y felicidad, no van a venir a secuestrar a campesinos y líderes sociales.
Para la ultraderecha que insiste en regatearle —por lo menos— los triunfos a esta gran nación, que es la Nueva Tenochtitlán, siguen acumulándose los fracasos. El más doloroso, afirman, es la intervención de Estados Unidos para atrapar a un campesino que presuntamente se dedicaba a negocios aparentemente ilícitos. Para fines informativos, llamaremos a este agricultor «Ismael».
Con lo que no contaba el fascismo era con que la Doctora Caltzontzin todo lo ve. Nada le es ajeno a su longitud. Ella, la doctora y la abuela, la comandanta y la compañera, ejerce un poder total y nada se le escapa. Por eso ordenó a su hermana del alma Ernestina Godoy que informase a la Nación y al Pueblo que la captura de don «Ismael» fue turbia, tan turbia que cabría calificarla de secuestro y, sin duda, de una ofensa grave a los sentimientos de la nación, además de que constituiría un agravio imperdonable a nuestra sacrosanta soberanía.
Por supuesto, la señorona Godoy —epítome de inteligencia y belleza— aprovechó la oportunidad para limpiar la honra de don Rubén Rocha Moya, acusado injustamente y señalado por el imperialismo colonialista de connivencia con el crimen organizado y sabrá Dios de cuántas ocurrencias salidas de la imaginación de los gringos.





