Falsedades palestinas: Parte I
Desmontando el argumento indigenista del palestinismo.
La izquierda le regala el argumento indigenista a todos los pueblos “originarios” del planeta. A los totonacas, a los mapuches, a los native americans. A todos, menos a uno: los judíos. Esa excepción es la que hay que mirar.
Tomado en serio, el argumento indigenista no resuelve lo que el movimiento propalestino realmente pretende, porque o tendría que incluir a los judíos y obligaría a los palestinos a compartir la tierra; o se cae solo porque el linaje no funda una nación. Las dos salidas le estorban. Esta semana trataré la primera parte del argumento —el indigenista— y la próxima semana la segunda.
Para sostener la excepción indigenista hubo que inventar, primero, una mentira: que los judíos europeos no son del Levante de verdad, sino jázaros, un pueblo turco del Cáucaso convertido hace mil años.
Si la falacia pega, los judíos quedan desconectados del Levante y sin raíz que reclamar. Pero es falsa. La genética muestra que los judíos asquenazíes vienen de Medio Oriente y luego Europa, sin rastro significativo de jázaros. El invento existe para negarles la indigeneidad que a cualquier otro pueblo la izquierda le concede de oficio.
En México la consigna jázara la enarbola el sector más antijudío del obradorato, encabezado por el médico Alfredo Jalife-Rahme. La misma trampa, pero en otra latitud.
Concedamos ahora el argumento a los palestinos. Es legítimo: su linaje se rastrea hasta los cananeos y otros pueblos de la zona, y tienen raíces antiguas en esa tierra. Pero esas mismas raíces las tienen los judíos, que salen del mismo sustrato levantino. Dos pueblos indígenas en una misma tierra.
Y si los dos son indígenas, la conclusión honesta es sencilla: que compartan la tierra. Ahí se atora el maximalismo, porque compartir es justo lo que rechaza. Quien lo rechaza es el nacionalismo musulmán-palestino, parado sobre lo más reciente —el islam llegó al último, en el siglo VII— para exigir exclusividad sobre lo más antiguo.
De esa negación selectiva salen los bulos. El de “Jesús palestino”, que vuelve a un judío del siglo I emblema de una nación que comenzó a existir casi dos mil años después. Y las falacias jázaras, que le quitan al judío hasta el apellido. No es que los olviden en el reparto indigenista; los dejan fuera a propósito, porque a la izquierda le resulta ideológicamente coherente negarle a los judíos justo lo que exige para todos los demás.
¿Y cómo se justifica esa negación ahora?






