El triunfalismo de SomosMX
Diez razones para dudar del excesivo optimismo del próximo nuevo partido, si logra el registro.
No he querido escribir de SomosMX por una razón. Me parece muy elogiable, en un país como éste, que un grupo de ciudadanos tenga metas cívicas claras y nobles. Parece injusto criticar a quien está buscando hacer una diferencia genuina en la vida pública nacional. Y, sin embargo, no entiendo bien su triunfalismo ni el entusiasmo que despierta en muchos analistas. Respeto personalmente a algunos de los participantes en esa iniciativa, pero no me da la impresión de que tengan madera para la política electoral.
Sospecho que el entusiasmo mediático revela la desesperación de una elite angustiada por la falta de opciones opositoras convincentes. No obstante, habría que moderar el optimismo con un poco de realismo.
Primero, SomosMX debe ser el único aspirante a partido político con más académicos e intelectuales que políticos, receta segura para el desastre. Parece mentira tener que explicarlo, pero un partido político es una estructura electoral que busca conquistar el poder. Antes que nada, es eso, y si no es eso, no se trata de un partido político sino de una ONG. Relean por favor el libro Fuego y cenizas de Mike Ignatieff. Los académicos e intelectuales no sirven para ganar elecciones.
Segundo, en el discurso mismo de esta organización se nota más la retórica moralista de una ONG que las bravatas combativas de un partido. Hablan de “salvar la democracia”, “rescatar al INE” y otras causas igualmente irrelevantes para el elector de a pie como se ha demostrado en los últimos años. No tienen mucho que decir sobre cómo resolver la inseguridad, la preocupación más sentida por la ciudadanía. Les sobra discurso en torno al autoritarismo, la democracia, la división de poderes y otras abstracciones conceptuales interesantes para la intelectualidad, pero poco apreciadas por un repartidor de Uber Eats. En suma, su oferta electoral apela a otro país que no se parece a éste.





