El subsuelo de la brutalidad
Inventario semanal de virtudes domésticas de esta gran nación, que es Méjico, mientras rueda el balón.
En lo que parece ser una interminable prolongación de La ley de Herodes —la película de Luis Estrada—, esta semana que agoniza nos ha obsequiado momentos estelares de la vida nacional. Por supuesto, no considero —sería un chanchuyo indecible— las intervenciones de los ministros de la SCJN, que se ha vuelto una ensordecedora caja de resonancia de la estulticia mejicana.
Tampoco aparecen en este breve recuento semanal las averías de la infraestructura urbana en la CDMX, que son como siemprevivas de camellón. Si no es un apagón, es un efecto dominó de árboles por las tormentas, que también anegan las calles de la capital de la Patria ¡oh Patria! O, también, alguno de esos transportes tan modernos a los que nomás no podemos hallarles a su funcionamiento, como el tren ligero de Tlalpan. La ineptitud es nuestro lábaro patrio por antonomasia.
Para hacer un inventario honesto, me concentraré sólo en esas gracejadas involuntarias que nuestra burocracia nos puso delante en estos días alegres y de holganza mundialista. Hablemos del cochino dinero que nada vale.
Haciendo a un lado a la caterva de burócratas todos nacotes desfilando por el lupanar del turco ese de la sal por el brazo y la carne con oro, resulta que hay una Nancy Nápoles que hace de alcalde de Tenancingo. El desocupado lector no está obligado a saber que Tenancingo se ubica en el sur del Edomex y que es un reducto de fealdad y mal gusto. Para verificar la afirmación anterior basta con echar un vistazo a internet.
Parece que esta Nancy Nápoles cometió un desfalco de 40 millones de pesos al erario de Tenancingo y, para justificarlo, fingió un secuestro que salió a la luz. Lo rupestre del asunto es para doblarse de la risa. Una vez descubierta, lanzó un video a las redes sociales, echándole flores a la gobernadora Delfina Gómez. ¿Qué pasará? Ps nada. Pura gozadera mundialista.


Hablando de mujeres y traiciones, a Mario Delgado se le está haciendo bolas el engrudo. Al graduado estrella de NXVIM —la secta de Keith Raniere—, la CNTE le está poniendo las peras a 25 en plena fiesta del balón. Pero, además, durante su gestión como presidente del Morena se valió de una Financiera para el Bienestar (la antigua Telecomm Telégrafos) para repartir más de 3 millones de pesos a lo largo y ancho del país.1
Además, por la misma época, Mayito se hizo de un terreno de 1.400 metrazos cuadrados, en contubernio con un concesionario de playas oajaqueñas.2
Pero no todo es dinero. El dinero nada vale. La honorabilidad y buen nombre son más importantes que el vil metal. Por eso, para salvaguarda de su reputación, el senador Enrique Inzunza sigue haciéndose ojo de hormiga y ya ni nos regala esas sentencias de Marco Aurelio del pánico que le da que lo vayan a descubrir. Y el gobernador Rubén Rocha Moya, igual: de él se sabe lo mismo que de Pituka y Petaca. Un Houdini en cada hijo te dio.
Y como esta gran nación, que es Méjico, es una pulquería venida a menos, en Villanueva, Zacacatecas, el alcalde agarró de cantina el palacio municipal y se puso una pedota…




