El regreso irónico de ciertos actores
Ochenta años después, Italia y Japón vuelven a encontrarse mientras Occidente redefine sus liderazgos.
Antes de que pase más tiempo, vale la pena poner el foco en un encuentro que ocurrió hace pocas semanas y que en México fue nota de un solo día, pero que puede incidir de manera importante en la historia de los próximos años. Me refiero a la reunión entre las primeras ministras de Italia y Japón, Giorgia Meloni y Sanae Takaichi.
Dos mujeres al frente de países miembros del G7, que comparten más de lo que parece a simple vista. Ambas hicieron carrera política desde abajo, ambas son las primeras mujeres en llegar al cargo de primera ministra en sus respectivos países, pero sin cuotas de género ni leyes de equidad ni acciones afirmativas. Lo hicieron con posturas económicas liberales y posiciones sociales conservadoras, abiertamente críticas de la agenda woke y del feminismo radical, a contracorriente del mainstream.
Las dos enfrentan amenazas externas en su entorno geográfico, cuentan con un sólido respaldo interno y sobre todo tienen una ambición clara: ejercer liderazgo regional en la construcción del nuevo orden mundial.
Apóyanos con menos de $20 pesos a la semana.
El contraste con México es inevitable. Mientras Meloni y Takaichi proyectan liderazgo y visión estratégica, la presidenta mexicana no logra sentar su autoridad. Atrincherada entre Washington, las dictaduras del vecindario, el crimen organizado y su predecesor, invoca una soberanía retórica mientras intenta equilibrar instrucciones ajenas.
La alianza entre Meloni y Takaichi rebasa lo geopolítico o lo comercial. Es un acercamiento personal, cimentado en valores compartidos y en una visión común sobre la agenda del futuro. El encuentro en Tokio fue, por sí mismo, un acontecimiento cuidadosamente diseñado: manejo impecable de medios y redes sociales para dejar claro que no sólo se reunieron, sino que empezaron a operar juntas.

Bajo el pretexto de conmemorar los 160 años de relaciones diplomáticas entre ambos países —y aprovechando además el cumpleaños número 49 de Meloni— lograron distender el rígido protocolo japonés y transmitir al mundo una imagen poco común en la diplomacia contemporánea: cercanía real, camaradería y afinidad política. Los efectos de esta alianza no tardarán en verse. Incluso hay quien ya palomea a Meloni como operadora para la compra de bonos japoneses por parte de Estados Unidos. Juntas tienen los alcances suficientes para convertirse en jugadoras determinantes en la reconfiguración del tablero.
En un texto anterior apunté, medio en broma, que resultaría irónico que el eje Italia–Japón–Alemania terminara siendo uno de los salvavidas de Occidente en el siglo XXI. La historia parece que sí entraña cierto sentido del humor. Ochenta años después, Italia y Japón ya sellaron su entendimiento y la semana pasada Meloni firmó con el canciller demócrata-cristiano alemán Friedrich Merz un acuerdo para encabezar la agenda de seguridad y crecimiento en Europa. La prensa especializada bautizó el entendimiento como el inicio de la era Merzoni.
Mientras tanto, los tres países avanzan en procesos de rearme acelerado, con presupuestos multimillonarios autorizados por sus respectivos parlamentos. El paraguas norteamericano de la posguerra empieza a cerrarse. Las llamadas potencias medias —tan de moda tras el discurso de Carney— mueven sus fichas y en algún punto el tablero completo se sacudirá. Seguiremos atentos.
— Voyeur de Venal





Personajes como Meloni y Takaichi hacen más notoria la ausencia de liderazgo en México 🥹
Wooow...
Excelente columna...
A estar atentos en los nuevos movimientos del tablero mundial!!!!
Esas dos damas siii que están haciendo historia... ya nuestra "doctora" con tesis de "estufas a leña" anda "cantinflando" un día y el otro también....