El Problema Batres
Que Lenia Batres presida la Suprema Corte como le toca según la reforma judicial, es una desgracia por muchas razones.
Hace unos días, Cecilia Soto formuló una pregunta incómoda: Lenia Batres lleva cuatro años en la Suprema Corte y todavía se equivoca en lo más básico, ¿tanto duran las curvas de aprendizaje?
En el caso de Batres, la evidencia apunta en una sola dirección: no hay tal curva. Es una línea, o quizá una pendiente hacia abajo. Existe una ministra que, intervención tras intervención, confirma que no domina el derecho constitucional que está obligada a aplicar. El Problema Batres no es ideológico. No es que en un tribunal constitucional no puedan convivir visiones jurídicas distintas; eso ocurre en todas las democracias. La inquietud surge por algo más elemental: la posibilidad real de que, en 2027, el máximo tribunal del país sea presidido por alguien que simplemente no sabe derecho.
Escucha en el podcast a Arturo Herrera, director de La Derecha Diario.
Esta posibilidad proviene de la reforma judicial de 2024 que sometió al Poder Judicial. El nuevo diseño estableció que la presidencia de la Suprema Corte se renovará cada dos años siguiendo el orden de votación obtenido por los ministros en la elección judicial. Bajo ese esquema, el primer lugar en votos ocupa la presidencia durante el primer periodo, el segundo lugar durante el siguiente, y así sucesivamente.
El actual presidente del tribunal es Hugo Aguilar Ortiz, quien asumió el cargo el 1 de septiembre de 2025 tras obtener la mayor votación en aquella elección. Lenia Batres quedó inmediatamente detrás. Si el orden se mantiene, su turno llegaría en septiembre de 2027. De ahí la frase que se repite con entusiasmo en los círculos obradoristas: “ya le toca”.
Pero la llegada de Batres a la presidencia de la Corte sería una tragedia. Una peor que la actual:





