No sé si efectivamente el régimen obradorista ha comenzado su caída. Puede ser. Puede ser que la presión de Estados Unidos haya iniciado una cadena de divisiones, traiciones y entregas que eventualmente lo fracture. Puede ser también que los errores propios —la incompetencia, el saqueo, el nulo crecimiento económico y la inestabilidad de las alianzas con el crimen organizado— empiecen a pasar factura. Y hay señales que apuntan en esa dirección.
Una evidente es Chihuahua. Al acusar a la gobernadora Maru Campos de “traición a la patria” por haber desmantelado un narcolaboratorio con ayuda de la CIA, el régimen terminó exhibiéndose no como defensor de la soberanía, sino como defensor del narco. Esa es la geometría del asunto. Y para colmo, al intentar destruir políticamente a Maru, la convirtió en una figura nacional emergente y logró reunir en su defensa a los dos expresidentes de Acción Nacional.
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Encima, la presión de Washington seguirá creciendo. Parafraseando al jefe de la DEA, Terry Cole, en su reciente comparecencia ante el Senado estadounidense: “esto apenas comienza”.
El propio discurso de Sheinbaum en el Monumento a la Revolución el domingo pasado pareció reconocerlo involuntariamente cuando advirtió que resistiría el injerencismo, porque “si vienen por unos, luego vendrán por otros”.
Y sí. La respuesta fue inmediata. Primero, el embajador Ron Johnson dijo que de nada sirven las bravatas. Y segundo, se filtró a medios que Estados Unidos está investigando a los gobernadores de Sonora y Tamaulipas, que sus visas están canceladas y que el primero ya es colaborador. Sea cierto o forme parte de una operación de presión psicológica destinada a sembrar desconfianza dentro del régimen, el mensaje es inequívoco: Washington no retrocederá.
Y finalmente, lo confirma la reaparición más estridente de López Obrador en una carta reciente en la que se exhibió como el poder detrás del trono y repitió la diatriba de Sheinbaum: que la ultraderecha estadounidense busca desestabilizar al país y que la injerencia obedece a un giro irracional de Trump. Pero al hacerlo también anticipó que vienen más pesquisas y que el régimen ya empezó a vacunarse políticamente contra ellas.
¡Ya en el podcast! ¿Por qué México no es bueno en fútbol? Con Martín del Palacio.
Pero cuidado con las ilusiones. Una cosa es percibir grietas en el régimen y otra asumir que está por derrumbarse o que dejará el poder por las buenas.
Las encuestas registran una caída reciente tanto en la aprobación de Sheinbaum como en la de Morena. Sin embargo, el oficialismo sigue siendo, por mucho, la principal fuerza política del país. Si la tendencia actual se mantuviera, lo más probable no es que pierda las elecciones intermedias, sino que vuelva a ganar con amplitud.
Además, tendemos a subestimar la enorme capacidad de muchos actores ajenos al gobierno para darle respiración artificial al régimen: medios de comunicación, universidades, artistas, empresarios, rentistas, segmentos enteros del electorado e incluso la propia oposición. Actores que no sólo creen los cuentos oficiales, sino que muchas veces se benefician de ellos y tienen interés en que continúen.
Próximamente en el podcast: la intervención estadounidense ya comenzó. Con Víctor Hernández.
Todo eso suponiendo que sigamos hablando de una democracia funcional. Y a mi juicio, ya no es el caso. El régimen se apoderó del INE, de los tribunales electorales y destruyó la independencia del Poder Judicial. No queda en pie ninguna institución autónoma capaz de arbitrar una elección con credibilidad. Súmese a ello el control del Congreso, del Senado, de la mayoría de las gubernaturas y de amplias porciones del aparato estatal y militar.
Por eso, incluso si el régimen ha comenzado a erosionarse, me parece improbable que una cálida mañana de junio de 2030 los mexicanos acudamos a las urnas y, tras una derrota electoral, el oficialismo entregue cordialmente la banda presidencial a la oposición. Aun si empezara a perder apoyo popular —algo que todavía está por demostrarse—, el régimen ya no sólo gobierna: se ha enquistado y comienza a atrincherarse. Sacarlo no es imposible ni hay que quitar el dedo de la llaga en su peor crisis, al contrario, pero sí estar conscientes de que este puede ser un trecho largo, doloroso y hasta violento.
Esquirla
Suponiendo que Maru Campos efectivamente dio el salto a la conversación nacional, no me queda claro que sea automáticamente presidenciable. Su principal problema es el calendario. Su gubernatura concluye el año que entra, en 2027, justo después de las elecciones intermedias. Incluso si lograra conservar Chihuahua para la oposición —algo que tampoco está garantizado— quedaría tres años fuera del poder antes de la elección presidencial. Mantener relevancia nacional durante tres años sin cargo público es extremadamente difícil. Hoy los reflectores están sobre ella por el escándalo del narcolaboratorio y porque lo ha manejado políticamente muy bien. Pero cuando ese episodio se diluya, o peor, si Morena logra arrebatar Chihuahua, no me queda claro desde dónde podría tener una plataforma. Paciencia.





Excelente tu análisis Pablo!!!! Yo veo a un "MUGREÑA" en plena implosión.. sin embargo, el escenario no nos favorece, como bien lo señalas, con un INE, un Tribunal Electoral y un Poder "Judicial" coptados... no será fácil sacar a éstos del poder, pero hay una posibilidad... y si MUGREÑA es designada como "organización terrorista" ahí sí, le metemos el acelerador para recuperar a nuestro México e iniciar su reconstrucción!!!