El buen periodismo que se fue
Alan Riding y Julio Scherer —el primero que acaba de morir y el segundo cuyas obras completas acaban de publicarse— pertenecen a una época periodística que se extinguió pero podría recuperarse.
Falleció Alan Riding, el célebre corresponsal del New York Times en México y autor del libro clásico Vecinos Distantes, que a mí me tocó todavía como lectura obligatoria en un par de cursos de la licenciatura de relaciones internacionales. No tengo intenciones de reseñar su obra, ni sintetizar sus ideas pues cuando menos una docena de artículos se ocuparán de ello. El año pasado se imprimió una nueva edición de su libro ya clásico y es fácil de conseguir.
Simultáneamente, hace un par de semanas empezó a circular en México el primer tomo de las obras completas de Julio Scherer, publicado por Editorial Planeta. Al terminar de leerlo, uno se queda con sensaciones diversas. La más superficial pero verdadera es que la vida pública mexicana siempre ha sido una cloaca inmunda. Más importante que ello, deja en el lector el sabor de boca de un periodismo bien escrito.
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Scherer y Riding tienen en común eso, ambos escriben bien, pero, sobre todo, pertenecen a una época en la cual el periodismo se ejercía con profesionalismo. La fidelidad a los hechos, la comprobación de fuentes, no son un adorno de su trabajo, sino el distintivo principal. Los libros de Scherer vienen acompañados de significativos anexos documentales que respaldan todas las aseveraciones del autor.
Resulta indudable que tanto Scherer como Riding, posiblemente situados en las antípodas ideológicas uno respecto a otro, expresan opiniones claras y hasta categóricas a veces. Es legítimo, en tanto los hechos se respetan. Los libros de ambos me hacen echar de menos el periodismo profesional, con rigor informativo, a la vista de la proliferación de influencers que inundan la esfera pública contemporánea. La apertura masiva de canales personales en YouTube, la publicación gratuita de toda suerte de necedades en portales anónimos, evidencian el deterioro de la calidad informativa.


Teóricamente hoy se publica más información que nunca y más rápido. Lo que no suele decirse es que también se publican más mentiras, teorías de la conspiración y rumores. No digo nada nuevo al señalar que el periodismo convencional ha perdido espacio y hasta credibilidad frente a los mecanismos comunicativos más avanzados del internet. No obstante, es mucho lo que perdemos al descartar el periodismo profesional. No se trata de sentir nostalgia por otras épocas del ejercicio informativo, sino de rescatar, defender y exigir estándares mínimos de calidad que ya existían en momentos tecnológicamente más atrasados. Simplemente, un texto periodístico bien escrito, cuya lectura se disfrute, es cada vez más raro en la coyuntura mexicana.
Menos se trata de comprar o compartir a plenitud las posiciones editoriales de Riding y Scherer. Tampoco de idealizarlos. Bastaría con recuperar los requisitos mínimos que se imponían a sí mismos antes de publicar algo. Por encima de la inmediatez y la velocidad para publicar algo, estaba la seriedad y el prestigio del periodista. Esto es lo que nos hace falta hoy, frente a la prisa por subir algo a las redes y opinar al respecto. La inteligencia artificial tampoco es un pretexto válido para renunciar al periodismo de calidad.





La inmediatez y la teoría de la mentira o de verdades a medias que la propia "Mañanera" promueve e impulsa... aunado al uso desmedido de la IA, de un público menos interesado en informarse recurriendo a fuentes serias...ha sido todo ello campo fértil para hacer sentir al "pueblo" que vive literal en "Cuatrotelandia"... conozco a bastante gente con ese mal... triste pero así es...
Raudel, gracias por la recomendación de las dos obras y sobre todo gracias por compartir tu columna... me ha llevado a la reflexión...