Ebrard cometió peculado
Se dice… y en México no pasa (literalmente) nada. Además, en la Coda: Murillo Karam es un preso político.
Marcelo Ebrard cometió peculado. No es una opinión de café. Es la consecuencia natural de aplicar la ley a los hechos.
Su hijo, Marcelo Patrick Ebrard Ramos, vivió durante varios meses en la residencia oficial de México en Londres. No tenía cargo público, comisión oficial ni función diplomática alguna que justificara su presencia en la sede. La residencia es un inmueble del Estado: el edificio, la luz, el agua, el personal de apoyo y mantenimiento son recursos públicos. No hay manera de habitarla sin utilizarlos. Eso es un hecho.
La Ley General de Responsabilidades Administrativas define con claridad el peculado administrativo: incurre en él el servidor público que autoriza el uso de recursos materiales sin fundamento jurídico. No se requiere una orden firmada. Basta con que ocurra bajo su jerarquía y con su conocimiento.
Los tres elementos están presentes: recurso público, beneficio privado y ausencia de base legal. Las sanciones no son menores: inhabilitación de hasta veinte años, multa de hasta el doble del beneficio obtenido y reparación del daño.
Próximamente en el podcast: quiénes son los narcopolíticos y cómo están persiguiendo a quienes los investigan. Con Miguel Meza.
El Código Penal Federal va más lejos. También comete peculado —y de tipo penal— el servidor público que distraiga bienes del Estado para beneficiar a un tercero. La pena es de dos a catorce años de cárcel cuando el monto involucrado rebasa cierto umbral legal: quinientas veces el valor diario de la Unidad de Medida y Actualización (UMA) vigente al momento de los hechos. En 2021, eso equivalía a poco menos de 45 mil pesos. Dicho de forma simple: si el beneficio indebido supera esa cifra, la pena es cárcel. Y seis meses de alojamiento en una residencia diplomática en Belgrave Square, con servicios incluidos, superan con amplitud ese monto. Incluso por debajo de ese umbral, sigue habiendo pena de cárcel.





