Siguiendo la lógica de los códigos no escritos que rigen a toda organización mafiosa cuando quiere conservarse, llega a nosotros una historia sobre pactos rotos, alianzas de ocasión y promesas que, como el poder, caducan rápido.
Se dice en los sótanos del régimen que, ante la falta de recursos para financiar la recta final de la campaña y movilizar a las clientelas durante la jornada electoral, la candidata transformadora aceptó dinero del Cártel Jalisco. El acuerdo implicaba permitir la entrada de nuevos actores a la Ciudad de México tras la victoria.
Pero algo salió mal.





