Adiós y hola, mundo cruel
El nuevo orden mundial y el mensaje de Canadá para el mundo y para México.
Se llevó las palmas el primer ministro de Canadá, Mark Carney, ahora en el Foro Económico Mundial en Davos no sólo por un discurso excepcional que les recomiendo mucho leer, dotado de una buena dosis de poesía política e historia, con referencias tan pertinentes como el disidente checo Václav Havel y el griego fundador de la geopolítica, Tucídides, sino por aventarle al mundo un balde de agua fría realista, incómodo y al mismo tiempo lleno de estrategias, para Canadá y países similares —o “poderes medianos”, como él los llama— que estén dispuestos a poner atención y suscribirlo.
Dijo en esencia dos cosas para efectos de lo que quiero comentar. La primera es que el orden liberal de la posguerra construido por Estados Unidos y en particular el posterior a la Guerra Fría basado en reglas y en el derecho internacional, está muerto. No dijo que está en peligro, ni que puede terminarse dependiendo de ciertos condicionantes, como el fin de Trump (si es que se va). No. Dijo que ya se extinguió, que es cosa del pasado, y que aferrarse a él con nostalgia no sólo es vivir en una ficción, sino cometer un error estratégico grave. Es algo que ya habíamos anticipado en Disidencia hace un año con exactamente las mismas palabras.




